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  • Encarna Medina Garcia

¿Dónde aprendimos a reconocer y gestionar nuestras EMOCIONES?

Tras finalizar mi quinto módulo del máster internacional en Coaching y Business que estoy realizando en FundAres, me doy cuenta del gran desconocimiento que en general podemos mostrar cuando se trata de expresar, transmitir, explicar y compartir nuestras emociones.

Espero que para futuras generaciones la asignatura de gestión emocional sea una de las asignaturas troncales que tengan a bien "las autoridades" competentes en materia de educación, incorporar en el currículum escolar de todas las escuelas.

Es curioso como en nuestra edad adulta podemos encontrar a faltar "aprendizajes vitales" que no fueron adquiridos en nuestra infancia más tierna y sin embargo nos mantengamos de alguna forma de brazos cruzados, cuando observamos en las materias ordinarias de nuestros hijos, muy pocos cambios para lo mucho que nuestra sociedad ha evolucionado.

Esta evidente necesidad de transformación de lo que nuestros hijos deberían encontrar en las aulas, me alienta cada vez más a participar activamente en los procesos de cambio y evolución que nuestra escuela, sin duda debe emprender; todos somos co-responsables de esta necesaria evolución, por tanto deberíamos dejar de quejarnos y pasar un poquito más a un nivel más participativo y colaborativo con la comunidad educativa.

Pregunté a mi hijo David recientemente que le gustaría aprender en la escuela: su respuesta fue sencillamente coherente, "mamá, lo que me pueda servir para la vida".

Haciendo honor a la verdad, he de decir que en la escuela que elegimos para nuestros hijos, ya se ven más que claras muestras de la voluntad y compromiso de cambio y transformación y ello se confirma con hechos como el proyecto SUMMEN, al que aliento a todas las escuelas a observar y modelar.

A menudo me pregunto donde se quedaron las asignaturas que me hayan podido ayudar a afrontar la vida, tal y como hoy todavía reclama mi hijo David de 11 años de edad.

¿Hasta cuándo vamos a esperar, los que podemos influir en el cambio,  para que la escuela se convierta en una fuente de conocimiento que facilite el crecimiento, respetando las diferencias, el ritmo de desarrollo de cada niño a la par de dotarnos de las herramientas que verdaderamente nos preparen para afrontar la vida desde la libertad, la seguridad, el amor, el respecto, la tolerancia y una larga lista de valores que convendría revisar con intensidad e ilusión.

Comparto este exquisito Adagio de Mahler y algunas fotos de mis vacaciones en un rincón maravilloso de Cataluña, para que os emocione y podáis explicarme si os apetece qué os evoca, con qué os conecta y lo disfrutéis intensa e íntimamente, como lo acabo de hacer esta noche en la quietud de este maravilloso instante: ¡aquí y ahora!



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© Encarna Medina, 2019

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